Koralreef

An inconcluded life
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2002-12-15 15:19:32 (UTC)

Un viaje inolvidable: dia dos, Olor a Perú

2002-12-01 23:57:59 (GMT)

Un viaje inolvidable: dia dos, Olor a Perú

Pasos, voces, gallinas cacareando y perros ladrando a las
5:30 de la mañana hacen que cualquiera que duerme en una
estación terminal se despierte. Miré alrededor mío y me
encontré a Eloy velando nuestro sueño. Eramos los dos
únicos despiertos del grupo. Nos dijimos buenos días y
hablamos hasta las 6 am pues ya nos parecía una hora
prudente para despertar a los demás para echar a andar el
día.

El uso del baño costó $15 centavos, para echar una meada y
cepillarme los dientes con todo el cuidado del mundo
procurando que el cepillo no se me resbalara de las manos y
que el jabón no se saliera de la jabonera. Pero es que a 15
centavos qué carajo puede esperarse uno de un baño
público?? Insisto, 25 centavos debe ser la tarifa standard
para América Latina, no importa cuán mala esté la
economía. Un baño es algo que siempre debe estar impecable
no joda Es el primer sitio que se visita en las mañanas y
el último que se visita en las noches Cualquiera que esté
leyendo puede identificarse si les digo que piensen cómo
sería echar un cague en cuclillas tratando de que ninguna
parte de uno toque ese lugar público. Entonces no nos
quejemos e invertamos en la limpieza de los baños públicos

El 18 de agosto a las 7:30 en punto salió el bus para
Cuzco. Lo poco que he pasado hasta ahora me hace sentir
que llegar a Cuzco parezca simplemente inalcanzable. Los
asientos que ocupamos en el bus nos tocaron muy cerca los
unos de los otros asi que estuvimos hablando y compartiendo
galletas y bolitas de queso durante el viaje.

El camino no está asfaltado, sino que es de tierra y
piedra. Hay muchas curvas, Mucha gente sube y baja del
bus.

Llegó la hora de almuerzo y nos detuvimos en el Grifo
Rosita. Pasar horas en un bus incómodo y parar luego de
cinco horas parecía fabuloso Más cuando hace hambre.
Estabamos en el medio de la nada y a la derecha estaba
aquella edificación muy similar a una llantería del
noroeste antiguo de américa. Ahí nació oficialmente
el "olor a Perú".

Olor a Perú es como el olor a fritanga; es aceite de maíz,
pero rancio, o no sé, algo hacen para que despida un olor
singular. Bueno es que hay que ir para conocer el Olor a
Perú.

Después de ocho horas de viaje, el bus se detiene.
Esperamos un rato y nada sucede. Estamos en medio de un
área montañosa. Donde nadie podría imaginar que transitan
buses o camiones. A lo lejos se ven las llamas y una que
otra casita de madera y cartón. Nadie sabe qué sucede.
David se decide a bajar a ver qué pasa que el bus no se
mueve. Al otro lado de la curva se ve una fila de carritos,
buses, camiones y hasta una carreta. "Qué ha
sucedido"? "Joder que se ha trabado un camión sisterna en
una de las curvas arriba de la montaña". Dos horas tardó
en llegar una grús que dragó la curva para que el cisterna
pasara. Finalmente arrancamos. Aún quedaban cuatro horas
de viaje.

Las provisiones se habían terminado. Hacía hambre y aún
estabamos en la carretera. Mágicamente, al otro lado de la
montaña que acabábamos de pasar aparece un pueblito Sigue
el ritual de los vendedores ambulantes. Una de ellas
cautiva mis ojos al traer una vandeja con unos vasos cuyo
colorido contenido me convenció. "Flanes Gelatinas
compre su gelatina su flan" Caí. Compré una gelatina y
un flan que devoré sin pensar de dónde habrán sacado el
agua para hacer el menjunje. Hacía hambre Saciada mi
hambre, traté de conciliar el sueño, pero el bus no dejaba
de saltar... gente que subía y bajaba, voces pidiendo
parada, uno que otro animal era cargado por su dueño, la
gente gritaba tratando de llevar una conversación y yo
empezaba a agonizar. Sería el olor a Perú? O serían la
gelatina y el flan??? No lo sé. Sólo sé que me sentía de
muerte.

4,960 metros sobre el nivel del mar. Quizás me apuné.
Quizás me cayó mal lo que comí. Estamos hablando de casi
13,000 pies sobre el mar según el reloj de Eloy Nunca
había estado tan alto. Yo sólo quería llegar y bajar de
aquella matraca.

8:30 de la noche. Bajé del bus y me fui directo a una
esquina a vomitar la vida. Sólo le dije a mis nuevos
compañeros de viaje que yo estaba de acuerdo con lo que
decidieran en cuanto al hotel. Necesitaba irme rápido y
recostarme en una cama de verdad.

Un taxi nos llevó al área del mercado de Cuzco. Ya no era
sólo el olor a Perú lo que reinaba sino también el olor a
basura que había por doquier.

El Hostal Milán es un hotal de una estrella. Me detuve un
rato ante el letrero de la entrada que mostraba la estrella
y me pregunté en qué basaban la distribución de las
estrellas? Me reí para mis adentros. El lugar era
autóctono, primitivo y un poquito desaseado. Lo único malo
era que no había agua. Nos informaron en la "recepción" que
sólo había agua de 5:30 a 9:00 am. Pero en fin, por 9
soles por día (3 dólares) no se puede exigir más Me
acomodé en el cuarto con Helena mientras que los demás
tomaron los otros dos cuartos.

Terminé de vomitar y me trataron de rehidratar con Alka
Seltzer y aspirinas. Al cabo de dos horas ya me había
curado y salimos a cenar, a celebrar el cumpleaños de
Helena. Tomamos sangría y comimos bien por pocos soles.

La noche terminó en la plaza de armas. Paseamos por la
antigua ciudad colonial del Cuzco, explorando los
callejones que develaban siglos de arte y arquitectura.
Pasamos por el hotel que alguna vez fue un convento que
alojaba peregrinos a cambio de casi nada y que hoy, 300
años después, aloja a los turistas más pudientes por
alrededor de $250.00 dólares la noche.

Pintorezco pueblo con sus lucesitas amarillas y su mercado
artesanal que nunca duerme. No había palabras para
describir el cansancio, especialmente cuando la respiración
te falta estando a tantos pies/metros de altura. En esa
situación, aquella cama llena de pulgas era la cama de un
rey para una plebeya. Abrí mi sleeping bag y me entregué a
Morfeo.


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